Si te sigue pasando lo mismo, no es destino: es lo que crees que mereces

Cambiaste de pareja, después cambiaste de trabajo, y hasta te mudaste de ciudad cuando creías que un lugar nuevo iba a sacudir todo, hiciste cada cosa que prometía romper el ciclo, y a los pocos meses estabas otra vez en la misma historia, con otros protagonistas y otros nombres, en un escenario que parecía distinto, aunque tenía el mismo patrón en el fondo.

Cuando esto pasa, lo primero que solemos hacer es buscar la explicación afuera: que el mundo es así, que las personas son iguales, que las empresas son tóxicas, que tengo mala suerte con la gente. Algo de eso puede ser cierto, claro, aunque casi siempre hay algo más adentro que se nos escapa, algo que va sosteniendo el patrón sin que lo nombremos.

Y lo que sostiene dicho patrón en el fondo, casi siempre es una creencia muda sobre lo que crees que mereces.

No te lo dices así, ni siquiera te das cuenta de que lo crees, incluso hay una ceguera con uno mismo, pero esa creencia funciona en silencio, eligiendo por ti, leyendo señales, descartando opciones, cerrando puertas que ni viste cómo se cerraban. Esto no es para culparte por lo que te ha pasado, ni mucho menos para justificar lo que otros te hicieron, es una lectura distinta, más incómoda y a la vez más liberadora: si lo de adentro sostiene lo de afuera, mientras la creencia siga en pie, la vida se reorganiza una y otra vez para confirmártela.

Por eso romper el patrón empieza adentro, en una conversación silenciosa contigo misma que casi siempre llega antes que cualquier decisión visible.

Lo veo en consulta de una forma muy particular: una clienta llega contándome la misma historia que ya me contó hace seis meses con otro nombre y otro escenario, y a media sesión, sin que yo le diga nada, se escucha; y en un instante se oye lo que llevaba años repitiéndose y por primera vez le suena raro, lo que pasa después no es magia, aunque a veces lo parezca, es trabajo, claro, pero un trabajo distinto al de seguir empujando lo de afuera.

Y al final, lo que viene son dos movimientos muy concretos: dejar de aceptar aquello que ya sabes que no es para ti, y empezar a actuar distinto frente a las mismas circunstancias, aunque la primera vez te tiemble la voz al hacerlo y aunque por dentro sientas que estás traicionando algo viejo.

Este tema lo profundizo en mi artículo principal sobre cómo los patrones familiares se convierten en cadenas invisibles que arrastramos sin darnos cuenta, donde te cuento cómo se forma la creencia del merecimiento desde la infancia y por qué se vuelve tan difícil de ver desde adentro. Si quieres seguir tirando del hilo, lo encuentras aquí, en El costo de ser el hijo perfecto.

Mira el video completo

En este video te lo explico en menos de un minuto. Si esta nota te resonó, ahí lo tienes condensado para volver a verlo cuando lo necesites recordar.

La pregunta incómoda

¿Qué situación llevas años cambiando por fuera mientras por dentro sigues creyendo, sin querer admitirlo, que eso es lo que mereces?

¿De quién es la culpa?

Este patrón del merecimiento es uno de los hilos que recorren mi nuevo libro "¿De quién es la culpa?", donde dedico un capítulo completo a las estrategias concretas para romper estos ciclos de conducta que se nos quedaron sembrados sin querer.

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Sobre la autora

Leticia Castro es coach y autora. Acompaña a personas en procesos de transformación profunda a través de su metodología propia TriEvolve 270°, que integra inteligencia emocional, conciencia y acción. Trabaja con clientes en México y toda LATAM. Si quieres conocer más sobre su trabajo, puedes visitar evolveconsultores.com.

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